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jueves, 12 de marzo de 2009

La Neurosis Histérica, Historia del Síndrome H.


Al.: Hysterie. Fr.: hystérie. Ing.: hysteria. It.: isteriz. o isterismo. Por.: histeria.

Es una clase de neurosis que ofrece cuadros clínicos muy variados.
Las dos formas sintomatológicas mejor aisladas son la histeria de conversión, en la cual el conflicto psíquico se simboliza en los más diversos síntomas corporales, paroxísticos (ejemplo: crisis emocional con teatralidad) o duraderos (ejemplo: anestesias, parálisis histéricas, sensación de «bolo» faríngeo, etc.), y la histeria de angustia, en la cual la angustia se halla fijada de forma más o menos estable a un determinado objeto exterior (fobias).
En la medida en que Freud descubrió en la histeria de conversión rasgos etiopatogénicos fundamentales, el psicoanálisis logró relacionar con una misma estructura histérica diversos cuadros clínicos que se traducen en la organización de la personalidad y el modo de existencia, Incluso en ausencia de síntomas fóbicos y de conversiones manifiestas.
La especificidad de la histeria se busca en el predominio de cierto tipo de Identificación, de ciertos mecanismos (especialmente la represión, a menudo manifiesta) y en el afloramiento del conflicto edípico que se desarrolla principalmente en los registros libidinales fálico y oral.
La noción de enfermedad histérica es muy antigua, puesto que se remonta a Hipócrates. Su delimitación ha seguido los avatares de la historia de la medicina. Acerca de este punto sólo podemos remitir al lector a la abundante literatura existente sobre el tema.
A finales del siglo XIX, especialmente por influencia de Charcot, pasó a primer plano el problema planteado por la histeria al pensamiento médico y al método anatomo-clínico imperante. De un modo muy esquemático, puede decirse que se buscó la solución en dos direcciones: por una parte, ante la ausencia de toda lesión orgánica, atribuir los síntomas histéricos a la sugestión, a la autosugestión, o incluso a la simulación (línea de pensamiento que será recogida y sistematizada por Babinski); por otra, conceder a la histeria la denominación de enfermedad como las otras, tan definida y precisa en sus síntomas como, por ejemplo, una afección neurológica (trabajos de Charcot). El camino seguido por Breuer y Freud (y, desde otro punto de vista, por Janet) les condujo a superar esta oposición.
Al igual que Charcot, cuya influencia sobre Freud es bien conocida, éste considera la histeria como una enfermedad psíquica bien definida, que exige una etiología específica. Por otra parte, intentando establecer el «mecanismo psíquico», se adhiere a toda una corriente que considera la histeria como una «enfermedad por representación».
Ya es sabido que el hallazgo de la etiología psíquica de la histeria corre pareja con los principales descubrimientos del psicoanálisis (inconsciente, fantasía, conflicto defensivo y represión, identificación, transferencia, etc.).
Después de Freud, los psicoanalistas no han dejado de considerar la neurosis histérica y la neurosis obsesiva como las dos vertientes principales del campo de las neurosis, lo cual no implica que, como estructuras, puedan combinarse en un determinado cuadro clínico. Freud relacionó con la estructura histérica y denominó histeria de angustia a un tipo de neurosis cuyos síntomas más destacados son las fobias.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿ Sabe Ud....Qué es el Síndrome de Fatiga Crónica ?

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una afección muy difícil de diagnosticar —y que no se acaba de entender por completo. A pesar de tratarse de un problema físico, también tiene componentes psicológicos. Esto significa que una persona con síndrome de fatiga crónica puede presentar síntomas físicos, como dolor de cabeza o de articulaciones. Pero la misma persona puede presentar también síntomas emocionales, como pérdida de interés en sus actividades favoritas.

Para complicar todavía más las cosas, distintas personas con síndrome de fatiga crónica pueden presentar síntomas diferentes. Y los síntomas del síndrome de fatiga crónica a menudo se parecen mucho a los de otras enfermedades, como la mononucleosis, la enfermedad de Lyme o la depresión. Y, por si fuera poco, los síntomas de este síndrome pueden variar a lo largo del tiempo incluso en un mismo individuo.

Afecta a personas de todas las edades y grupos étnicos, pero a más mujeres que hombres. Este síndrome es muy poco frecuente en los niños. Afecta a algunos adolescentes, pero tiende más a afectar a personas de entre cuarenta y sesenta años. Las persona jóvenes con síndrome de fatiga crónica suelen mejorar con el tiempo más que los pacientes mayores.
A veces varias personas de la misma familia contraen el SFC. Esto puede obedecer a que la tendencia a desarrollar este síndrome tal vez sea genética.

Todo esto hace que el tratamiento de esta enfermedad resulte un poco más complicado ya que no hay ninguna medicación ni ningún tratamiento aislado que permita resolver todos sus síntomas.

Los CDC (Centers for Disease Control and Prevention – Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) en EE.UU han establecido dos criterios para guiar a los médicos en el diagnóstico del síndrome de fatiga crónica:

A) Fatiga inexplicable que dura seis meses o más. Las personas con síndrome de fatiga crónica están agotadas, y su cansancio y falta de energía puede durar meses, sin que haya una causa evidente del mismo. Este tipo de fatiga hace que resulte sumamente difícil levantarse de la cama por la mañana, vestirse e incluso comer. Y repercute sobre los estudios, el trabajo y el ocio —incluso sobre actividades como ir al cine o tocar un instrumento musical. El síndrome de fatiga crónica no mejora reposando o durmiendo.

B) Padecer Cuatro o más de los siguientes síntomas:
- problemas de concentración y memoria a corto plazo
- dolor de garganta
- ganglios linfáticos inflamados y dolorosos al tacto
- dolor muscular
- dolor articular en ausencia de inflamación o enrojecimiento
- dolor de cabeza más fuerte o distinto del habitual
sueño reparador (es decir, no sentirse descansado ni siquiera después de dormir)
- cansancio o agotamiento que dura más de 24 horas después de hacer ejercicio físico

Para que a una persona le diagnostiquen un síndrome de fatiga crónica, deberá tener tanto fatiga de larga duración como cuatro o más síntomas de la lista anterior.
No se conoce una cura específica para el síndrome de fatiga crónica. Pero, aunque no hay ningún tratamiento rápido y definitivo, los expertos afirman que los siguientes cambios en el estilo de vida pueden ayudar:

Incluir un programa de ejercicios, regular y cuidadosamente diseñado, en tu rutina diaria.

El ejercicio físico puede tener efectos curativos, ya que aumenta los niveles de energía y favorece la sensación de bienestar. No obstante, las personas con síndrome de fatiga crónica deben tomárselo con calma a la hora de practicar cualquier actividad física que requiera esfuerzo. El nivel de tolerancia de cada uno es distinto. Varios estudios han confirmado que el "el ejercicio progresivo” (que significa empezar con actividades que requieren poco esfuerzo e ir aumentando gradualmente el nivel de intensidad) ayuda mucho en el síndrome de fatiga crónica. La mayoría de la gente con síndrome de fatiga crónica no está en forma, de modo que volver a hacer ejercicio de forma gradual les ayuda.

Utilizar técnicas de control del estrés y de reducción del estrés
Estas técnicas son unas estrategias estupendas para controlar determinados aspectos de la enfermedad.

Alimentarse de forma saludable.
Alimentarse bien puede ayudar a minimizar los síntomas de este síndrome y el malestar general. Se deben evitar las comidas copiosas, el alcohol, la cafeína y grandes cantidades de comida basura o chatarra. Algunos dietistas o nutricionistas elaboran menús y programas dietéticos para ayudar a reducir los síntomas de fatiga.

Considerar la medicina "alternativa". La acupuntura, el reiki, el masaje, los estiramientos, el yoga y el tai chi parecen ayudar a mucha gente afectada por el síndrome de fatiga crónica —pero es una buena idea que informes a tu médico sobre cualquier otro tratamiento a que te sometas.

Aparte de los cambios en el estilo de vida, ir regularmente a un psicólogo o terapeuta puede ayudar mucho en el tratamiento del síndrome de fatiga crónica. (Igual que participar en un grupo de apoyo para gente con síndrome de fatiga crónica.) Los principales objetivos de la terapia son ayudar a la gente a afrontar la enfermedad y sustituir los pensamientos negativos o poco realistas por otros positivos y realistas. Tener una actitud positiva y creer en la propia mejoría es de gran ayuda para los pacientes con síndrome de fatiga crónica.

Algunas personas consideran que los fármacos antidepresivos o ansiolíticos,muchas veces tomados sin control médico, pueden ayudar a aliviar los síntomas del síndrome de fatiga crónica. Al igual que los analgésicos (medicamentos para el dolor) de venta con y sin receta médica, así como los fármacos antiinflamatorios (como el ibuprofeno) también pueden ser de ayuda en algunos casos. Esto es un error, simplemente porque llevan a enmascarar el problema de fondo...y puede acarrear consecuencias severas a causa de adicciones a ellos...
En la mayoría de los casos, los síntomas del síndrome de fatiga crónica son más intensos al principio, y es posible que remitan, vuelvan a aparecer y así sucesivamente. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, casi la mitad de todos los pacientes con síndrome de fatiga crónica se recupera parcial o completamente en un plazo de cinco años tras la primera aparición de los síntomas —de nuevo, el pronóstico es mejor en los pacientes más jóvenes.

Vivir con el síndrome de fatiga crónica
La terapia y los grupos de apoyo pueden ayudar a los adolescentes con síndrome de fatiga crónica y a sus padres a afrontar los problemas académicos o sociales derivados de la enfermedad, como tener que faltar a clase frecuentemente, ir mal en los estudios o aislarse de las amistades y evitar las situaciones sociales.

He aquí algunas cosas que podemos implementar en nuestros cuidados que pueden ayudar:

1. Reconocer y expresar sentimientos: Las emociones fuertes forman parte de este síndrome. Sentimientos como la tristeza, el enfado y la frustración son completamente normales —y reconocer lo que se siente y decirlo son buenas estrategias de afrontamiento. El hecho de reconocer la emociones que experimentamos (en vez de intentar reprimirlas o simular que no te pasa nada) puede ayudar a averiguar que hay detrás de ellas y a afrontar mejor los problemas que puedamos tener.
2. Escribir. Cuando el síndrome de fatiga crónica afecta a la memoria y a la capacidad de concentración, puede ayudar anotar las cosas. Por ejemplo, hacer listas y notas para recordar lo que tiene que hacer. También puede ayudar llevar un diario donde escribir sobre los sentimientos y niveles de energía lo que puede ayudar a identificar tendencias; por ejemplo, si tiene más energía a determinada hora del día, esa información ayudará a organizar mejor a la hora de programar sesiones de ejercicio físico u otras actividades.
3. Concéderse más tiempo para hacer las cosas, sobre todo aquellas actividades que requieran concentración o esfuerzo físico.
Muchos expertos hacen hincapié en que, cuando se tiene síndrome de fatiga crónica, es más importante tener una actitud positiva sobre la mejoría que intentar entender por qué se ha desarrollado la enfermedad. Lamentablemente, mucha gente pasa demasiado tiempo intentando identificar una sola causa en vez de iniciar un tratamiento —cuando algunos tratamientos, como las técnicas de control del estrés y el ejercicio progresivo previamente mencionado, han demostrado ser eficaces en muchos casos. En otras palabras, incluso sin saber cuál es la causa del síndrome de fatiga crónica, los pacientes que quieren mejorar y adoptan una actitud activa y positiva ante la enfermedad tienen mucho mejor pronóstico.

domingo, 12 de octubre de 2008

Los niveles reducidos de la hormona del estrés, el CORTISOL están vinculados con la conducta antisocial en adolescentes.

Estudios anteriores han observado niveles más bajos de cortisol basal y una reducción del cortisol frente a situaciones de estrés en adolescentes con trastornos de conducta.
No se sabe si estos resultados son específicos al inicio prematuro de los trastornos de conducta. Los niveles de cortisol en el organismo suelen aumentar cuando las personas pasan por una experiencia estresante como hablar en público, realizar un examen o pasar por una operación quirúrgica. La hormona promueve la formación de recuerdos y se cree que hace que las personas se comporten de forma más cautelosa y que ayuda a regular las emociones, en particular los impulsos de ira y violencia.
Investigadores de la Universidad de Cambridge en Estados Unidos, han descubierto un vínculo entre los niveles reducidos de la hormona del estrés cortisol y la conducta antisocial en adolescentes. Su trabajo se publica en la revista 'Biological Psychiatry'. Así los adolescentes con graves conductas antisociales no muestran el mismo aumento de los niveles de cortisol cuando se encuentran bajo estrés que aquellos sin la conducta antisocial. Los descubrimientos sugieren que estas conductas antisociales al menos en algunos casos podrían constituir una forma de enfermedad mental vinculada a síntomas fisiológicos.
Los científicos, dirigidos por Graeme Fairchild e Ian Goodyer, reclutaron a los participantes de escuelas, unidades de custodia y centros de menores. Recogieron muestras de saliva a lo largo de varios días en situaciones no estresantes para medir los niveles de la hormona en condiciones de descanso. Después los participantes realizaron un experimento estresante diseñado para inducir frustración. Se tomaron entonces muestras de saliva antes, durante y después del experimento para controlar los cambios del cortisol durante el estrés. Las diferencias entre los participantes con conducta antisocial y aquellos sin ella eran más marcadas bajo condiciones de estrés. Mientras que la media de adolescentes mostraba grandes aumentos en las cantidades de cortisol durante la situación de frustración, los niveles bajaban en aquellos con conducta antisocial grave. Estos resultados sugieren que la conducta antisocial podría tener una base más biológica de lo que se había señalado previamente, es decir, que algunos individuos son más vulnerables a la depresión o a la ansiedad debido a su constitución biológica. Según explica Fairchild, "si podemos descubrir qué subyace a la incapacidad para mostrar una respuesta normal al estrés podríamos diseñar nuevos tratamientos para los problemas graves de conducta. Podríamos también crear intervenciones dirigidas a aquellos bajo un mayor riesgo". Fairchild apunta que un tratamiento para este trastorno podría mejorar las vidas tanto de los adolescentes que lo padecen como de las comunidades en las que viven.
Para acceder al texto completo consulte las características de suscripción de la fuente original:

FUENTE: BIOLOGICAL PSYCHIATRY. 2008 OCT;64(7):599-606.
www.sciencedirect.com/science/journal/00063223

viernes, 5 de septiembre de 2008

Estado Confusional Agudo. Intervenciones Enfermeras

El estado confusional agudo o delirium , es una condición seria, común y casi siempre amenazante para la vida del paciente anciano.

Puede ser definido como un síndrome mental orgánico transitorio, caracterizado por un trastorno global de la cognición y la atención, un nivel de conciencia reducido, incremento o reducción de la actividad psicomotora y un desorden en el ciclo sueño-vigilia.Su presentación es aguda, generalmente en la noche y su duración relativamente breve (menos de 1 mes).

Los criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría en el Manual de Diagnóstico y Clasificación de Enfermedades Mentales (DSM-IV) se utilizan ampliamente para el reconocimiento del síndrome.
Estos se clasifican en:
A. Desorden de la conciencia con reducida habilidad para mantener la atención.

B. Cambios en la esfera cognitiva (déficit de memoria, desorientación, trastornos del lenguaje).

C. El trastorno se desarrolla en un corto período usualmente horas o días y tiende a fluctuar durante el día con incremento en la noche.

D. Evidencia de una causa orgánica detectada por los antecedentes, el examen físico y los datos de laboratorio.
El Tratamiento no farmacológico, incluye
I) Intervención física:
* Medidas generales.
* Vigilar la hidratación del paciente.
* Nutrición parenteral en caso de déficit vitamínico o de hipoalbuminemia.

* Suplemento de oxígeno en caso de hipoxia secundaria a neumonías o neoplasia pulmonar.

La restricción o contensión física sólo se indicará cuando peligre la vida del paciente, se muestren muy agresivos con familiares y equipo de salud e impidan el manejo terapéutico.


II) Intervención ambiental:

- Habitación iluminada, clara durante el día y con luz en la noche.
- El paciente no debe estar aislado, lejos de la estación de enfermería, sino a la vista.
- No se deberá ubicar en la misma habitación de un paciente delirante.
- Mantener un acompañante permanente.
- Dosificación de estímulos ambientales para el control de los cuadros alucinatorios: alucinaciones visuales: utilizar estímulos visuales; auditivos: emplear sonidos como la música suave.
- Atención y visita del equipo médico con frecuencia y sin apuro.

III) Intervención cognitiva:

Se puede emplear la reorientación verbal en tiempo, espacio, con diversas técnicas como colocar calendarios, repetir al paciente la fecha, la hora y el lugar en que se está.

IV) Intervención psicológica:

Se basa fundamentalmente en el apoyo del equipo de salud y familiares cercanos, con los que el paciente tiene mayor afinidad.

V) Intervención educacional: Dirigida al equipo de asistencia, enfermeras, médicos u otros y familares que atienden a pacientes geriátricos.

Tratamiento farmacológico

Es a lo que se le denomina restricción química y se hace con el objetivo de controlar los síntomas que impliquen peligro para la vida del enfermo.

Se emplean fundamentalmente drogas antipsicóticas y las benzodiacepinas.

El haloperidol, una butirofenona con una marcada acción antipsicótica que actúa específicamente sobre la existencia psicomotora. Se presenta en comprimidos orales de 1,5 mg y de 5 mg y en ampollas de 5 mg para uso intramuscular e intravenosa. La dosis recomendada difiere de acuerdo con la edad; en los adultos jóvenes se utilizan 2 mg oral o parenteral en la agitación ligera,5 mg en la moderada y hasta 10 mg en la severa.
Se deben observar las reacciones secundarias como los trastornos extrapiramidales y la taquicardia ventricular multifocal.

El otro medicamento que se debe emplear es una benzodiacepina como el lorazepam que se emplea en dosis de 0,5 a 2 mg; se repite cada 30 ó 60 min. Se indica en los síndromes de supresión por alcohol, incluso en la encefalopatía hepática o como coadyuvante de la terapia con haloperidol, en casos refractarios.


(FUENTE: Asociación Americana de Psiquiatría. Manual de diagnóstico y clasificación de enfermedades mentales. 4ta. Ed. Washington DC.: Sociedad Americana de Psiquiatría, 1994:129-33.).

ACLS - Manual de bolsillo